Y después de la Resurrección, silencio, simplemente silencio…
Y es que cuando aún no se han limpiado las gotas de cera que durante la
pasada semana santa fueron salpicando de colores el andar de nuestras
cofradías por las calles de nuestra ciudad.
Cuando aún no se han marchitados las últimas flores de azahar que durante
siete días perfumaron el itinerario de nuestras procesiones.
Cuando los últimos acordes de las marchas que han acompañado a nuestro
pasos como bandas sonoras del andar de nuestros cargadores aún no se han
acallados.
Cuando no se ha secado la tinta de las ultimas noticias sobre Hermandades que
se han publicado en nuestra ciudad, a la espera de alguna salida de Glorias,
o de algún escándalo cofrade.
Cuando aún no se han terminado de recoger los hábitos en nuestras casas de
hermandad, ni de colocar los enseres en su sitio, ni de embalar los elementos
que hasta el año que viene no se han de usar.
Es ahora cuando empieza el largo caminar de nuestras hermandades por el
desierto que las llevara hasta el miércoles de ceniza del próximo año, que
será cuando de nuevo la ciudad se acuerde de estas nobles instituciones.
En estos días todo volverá a la normalidad en las casa de hermandades. Se
volverán a ver las mismas caras de siempre, y el bullicio ensordecedor que
había durante los días de reparto de hábitos se tornara en silencio.
Será entonces, cuando los cofrades de todo el año retomarán su labor de
lucha para seguir manteniendo vivas estas instituciones, de las que algunos
solo se acuerdan durante cuarenta días al año, dejando el resto de 325
días que la labor de pelear por ellas recaiga sobre los hombros de unos
pocos.
Pero será en esa soledad del desierto, en ese duro peregrinar hasta ese
miércoles que da inicio a la carrera vertiginosa de la Cuaresma, será
entonces, y no antes, cuando se teja una relación de confianza, un nuevo
caminar juntos, una alianza particular entre el Señor y esos pocos fieles
que durante el año se ocupan de la vida de las hermandades.
Es por eso, que animo a todo el que quiera a participar activamente durante
el año en su hermandad. Que vivan esa relación tan particular que se crea
entre los titulares y esos pocos que durante el año se encuentran a su
alrededor.
Y lo más importante, solos no podemos, pero con ayuda de todos los hermanos
si. Si podemos trabajar por nuestras Hermandades, si podemos hacer que estas
instituciones se hagan fuertes y sean tenidas en cuenta en la vida cotidiana
de nuestra ciudad.
No dejemos que nuestros titulares caminen solos por el desierto un año más.